La red de baja tensión: puerta de acceso hacía la transición energética

La red de baja tensión, el elemento ausente

Las redes de distribución de baja tensión no están ni monitorizadas, ni telemandadas. La planificación, refuerzo y modernización se realiza a partir del desgaste supuesto del material, de las curvas de cargas, así como otras herramientas habituales que implican coeficientes de seguridad muy elevados.
Sin embargo, representan el 70% del patrimonio y generan el 50% de los costes operativos.

Ahora deben integrar nuevos usos, como la producción fotovoltaica, los vehículos eléctricos, el almacenamiento y el autoconsumo. El nuevo papel conferido a la red de BT es clave en la transición energética.
En paralelo, el despliegue de los contadores comunicantes es la primera herramienta de observación a gran escala de la red de baja tensión. Esto abre nuevas oportunidades de operación y gestión de la red, que aún no se han explotadas.

Puntos clave para la transición energética

Planificación de los refuerzos

La planificación de redes tiene como objetivo identificar estructuras saturadas u obsoletas para fortalecerlas o reemplazarlas.
Sin embargo, los procesos de planificación tradicionales se basan en criterios teóricos y utilizan márgenes de seguridad significativos. Por lo tanto, este método no permite una planificación precisa y optimizada de las inversiones necesarias. En consecuencia:
  • El 30% de las inversiones podría redirigirse hacía ventajas de eficiencia y calidad de servicio teniendo en cuenta la realidad del uso de la red.
  • El 30% de los clientes con un servicio deficiente no se identifican correctamente.

Integración de la producción descentralizada

El diseño y la operación de las redes limita la inserción de la producción fotovoltaica al 20 o 30% de la potencia consumida. Mucho antes de este umbral, se producen sobretensiones que provocan la desconexión de los inversores.
Las soluciones convencionales pasan por un refuerzo largo y costeso de la red o una limitación de la potencia producida. Las consecuencias son una pérdida de producción para los clientes, una reducción en la capacidad y tiempos de espera que causan quejas y degradan la imagen de la empresa distribuidora de electricidad.

Eficiencia energética

Las pérdidas no técnicas, que son difíciles de detectar debido a la distribución difusa a lo largo de las redes de baja tensión, representan 1,5 k € por CT MT /BT cada año.

Causan pérdidas financieras para la compañía, sobrecargas en la red y una degradación del equipo.

Costes de operación

La falta de conocimiento del estado real de las redes de baja tensión y los errores de cartografía generan importantes costes de operación y mantenimiento, al alargar el tiempo requerido para localizar las incidencias y determinar un proceso de recuperación.

La respuesta de Odit-e

Odit-e nació de la alianza de expertos en distribución eléctrica de Schneider Electric y de investigadores de los laboratorios de Grenoble-INP, quienes comparten el mismo diagnóstico y una visión común de las soluciones que se implementarán.


Con cuarenta años de experiencia acumulada en los mercados de distribución pública, y seis años de trabajo de investigación sobre la modelización de estas redes, se ha constituido el equipo que ha desarrollado herramientas y soluciones de software, para ayudar y apoyar a las compañías distribuidoras de electricidad en estos nuevos desafíos.

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Thème conçu par Arturo Mondragón